domingo, 22 de enero de 2012

Crítica de fotografía

 Females under tension
Paula Muhr
Museo Municipal de Bellas Artes
Santa Cruz de Tenerife



Abnormal woman?
Lourdes López León


Mujeres en tensión, mujeres bajo presión, mujeres en histeria,… Si entráramos en la sala sin leer el texto explicativo de esta exposición, podríamos pensar que sólo es eso: la recopilación de una serie de estudios, de finales del siglo XIX y principio del XX,  sobre los estados anímicos de las mujeres ante los influjos del “amor”.

Paula Muhr, fotógrafa serbia aunque establecida en Berlín, conoce bien la capacidad de la fotografía de actuar como testimonio verosímil, como documento histórico y científico destinado a objetivar una investigación, por muy descabellado que actualmente resulte ese estudio. En 1895, Arthur MacDonald publicó el libro Abnomal Woman, donde trazaba los límites de la anormalidad femenina, que él relacionaba con aberración  mental,  física  y  emocional y cuya manifestación veía en mujeres expuestas a los efectos obsesivos y al delirio emocional que provocaba el amor.

Muhr considera que tanto éste como otros estudios, han contribuido a crear la imagen contemporánea de la mujer, de su sexualidad, su feminidad y su deseo y la exposición que nos ofrece es casi un acto irónico para con esa imagen. La artista fundamenta su obra partiendo de las mismas estrategias de MacDonald: al igual que él, decidió publicar anuncios de contacto en la prensa. Las contestaciones recibidas se nos muestran como ejemplos (como casos) de mujeres anormales que actúan, casi sin saberlo, a modo de pacientes. Acompañan a los textos de la exposición, dos fotografías científicas de la época que han sido modificadas por la propia artista: representan a dos mujeres en estado de histeria, sobre las que aplica alfileres rojos, negros y blancos que marcan los puntos dónde esa histeria es perceptible, como experiencia dolorosa en el propio cuerpo femenino.


PAULA MUHR, Females under tension, (detalle).

Casi como conclusión a lo ya visto en la primera parte de la sala, una cortina roja da paso a otra sala anexa donde se proyectan fragmentos de una película de 1904 producida por la Edison Company: How a French Nobleman Got a Wife through the New York Herald ‘Personal’ Column. El film cuenta la historia de un hombre que publicó un anuncio en la prensa para buscar esposa y que, a causa de ello, es perseguido por once mujeres. Paula Muhr, al igual que ha hecho con las fotografías, manipula la película eliminando el hombre y el final de la misma; de este modo, la acción de las mujeres no es más que el ejemplo visual de la histeria.

La exposición tiene un doble interés: el tema en sí y los medios utilizados. Es difícil considerarla una exhibición de fotografía ya que, aunque hay dos imágenes fotográficas, éstas no se entenderían por sí solas. El espectador puede darles una interpretación personal y aproximativa, pero lo que las contextualiza y les da razón de ser son los textos y la proyección de vídeo. Es un todo unificado que se interrelaciona y que quedaría desequilibrado si elimináramos alguna de sus partes.

También cabe plantearnos hasta dónde es original Paula Muhr, pues todo el material utilizado en la exposición no es más que una “reutilización” de materiales anteriores y una intervención en ellos: los textos de Arthur MacDonald y las fotografías fueron realizadas en el siglo XIX, y la película a principios del siglo XX. Podríamos decir entonces, que quizá la originalidad de la propuesta radica en el modo de operar sobre esos materiales previos, y en la idea en sí. Aunque parece una presentación objetiva (un simple muestreo de los estudios sobre la histeria femenina en esas fechas), se manifiesta como una crítica directa a esos estudios, casi una ironía.

Lo que en el siglo XIX se consideraba histeria en las mujeres, no era más que placer sexual, lo que hoy conocemos por orgasmo. Si para esta artista, los estudios en los que basa su obra han contribuido a crear la imagen de la feminidad y el deseo contemporáneos, es del todo normal que ironice sobre ellos en Females under tensión puesto que, como es obvio, en la actualidad sería inverosímil pensar que el placer sexual experimentado por la mujer responde a una patología psicológica (histerias, neurosis), y que debamos considerar anormales a las mujeres que lo manifiestan. De ese modo, los alfileres que señalan las zonas de dolor en las piernas de las mujeres fotografiadas, marcarían la traducción de ese placer, y el uso de una cortina roja que da paso a la sala de proyección podría aludir precisamente a esa sexualidad (el rojo como color de la pasión y el frenesí).

No es la primera vez que Paula Muhr retoma estudios de esa transición entre siglos como base para sus proyectos fotográficos. Entre 2010 y 2011, y en paralelo a Females under tensión, ha realizado un trabajo bajo el título de Double Flowers, basado en fotografías de casos del doctor Josef Breuer sobre la histeria. Se podrían considerar ambas iniciativas como un conjunto, dado que ambas reflexionan sobre la idea de la imagen contemporánea de la mujer a partir de las propuestas de MacDonald, Breuer o Freud.

¿Hasta qué punto esa es la imagen femenina actual? ¿Hasta qué punto la anormalidad planteada por esos estudios sigue considerándose implícita o no a la sexualidad de la mujer? Muhr no concreta sus propias conclusiones, así que la exposición necesita de la participación activa del espectador. El fondo y la forma están ahí, y somos nosotros los que podemos y debemos generarles un sentido propio.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Crítica de fotografía

Walking
Simone Stoll
Sala de Arte Contemporáneo
Santa Cruz de Tenerife



 
“Algo tiene que quedar”
Débora Madrid Brito


El transcurrir del tiempo determina nuestra concepción lineal de la vida, y por tanto, su asimilación metafórica con la idea de tránsito o camino resulta ciertamente recurrente. Simone Stoll nos propone situarnos como espectadores de ese tránsito a través de tres vídeos que nos ofrecen puntos de vista distintos de dicho recorrido: atravesando una playa, un desierto y un hall.

Walking beach muestra una mujer caminando por una playa de arena, que se aleja de la cámara hasta desaparecer en la lejanía: “La arena es pesada y se me pega a los pies a cada paso. Soy consciente de las huellas temporales que voy dejando atrás y, por un momento, me sumerjo en el agitado mar, con una fuerza que apenas alcanzo a comprender”. En Walking desert, la misma mujer camina entre los arbustos y las rocas hasta que se desvanece como absorbida por el desierto. El paso es firme, decidido; el destino parece definido e incuestionable. Sin embargo, “cada roca, cada espina de estos matorrales parece oponerse a mi presencia. No hay ninguna señal reconocible que pueda guiarme en esta tierra atemporal”. Finalmente Walking hall la presenta alejándose por un pasillo alfombrado, recorrido por una serie de puertas, todas cerradas. En este caso no desaparece al final del camino: se desvanece y reaparece al inicio del pasillo, se descalza las botas y recorre de nuevo la estancia. “Me entran ganas de quitarme estas pesadas botas que me han protegido durante tanto tiempo, siento la necesidad de una sensación palpable en este vestíbulo estéril, de estar en contacto con los pensamientos que revolotean en la frágil malla que se teje alrededor de mi cuerpo inquisitivo, mi vulnerable mente.”

 
SIMONE STOLL, Walking Hall


Tal y como se disponen los tres vídeos en la sala, parece existir un orden preciso de comprensión de las tres obras como conjunto, que se pueden leer individualmente como tres representaciones de ese transitar en soledad del ser humano por su propia existencia, ya sea en contacto con la naturaleza o dentro de un mundo artificial construido precisamente por el hombre; o que pueden ser interpretadas como un todo, una traducción de la existencia en tres partes diferenciadas: la infancia, la madurez y la vejez. La playa es el comienzo, la infancia, esa etapa que nos condiciona de por vida y de la cual siempre quedan huellas, como al caminar por la arena de la orilla. Transcurren los años y nos desvanecemos en las brumas de la juventud hasta pasar sin previo aviso de la soledad de la infancia a la soledad del desierto, la madurez a la que debemos enfrentarnos casi sin mirar atrás. Y aunque el futuro debiera estar más cerca, el camino se nos llena de rocas y parece que nada guía nuestros pasos, aunque estos son ahora más firmes que nunca, ya no se hunden los pies en la arena. Finalmente –parece proponer Simone Stoll–, nada queda por hacer. En el último vídeo, frente al paisaje natural de los anteriores, el escenario está construido, cerrado, limitado, tiene un final. Las botas se hacen pesadas e innecesarias en un suelo alfombrado, aflora el cansancio, y la mujer que camina ya no se difumina en el horizonte, sino que cae. Frente a la muerte física lo que adquiere relevancia es el pensamiento, la mente, que también es vulnerable y desaparece.

Sentada en la sala del Museo Municipal, lo que veo no son tres piezas de videoarte que alguien ha colocado allí, ajenas y aisladas por completo en el blanco del muro expositivo. Por el contrario, en las pantallas me contemplo a mí misma, caminando incesante, en busca de quién sabe qué, pero sin vacilación ni planteamiento de retorno. La posibilidad de una mirada hacia atrás no se nos muestra en Walking, pero sí en otro de los vídeos que Simone Stoll ha realizado en el último año titulado El camino, en el que una pareja de ancianos recorre lentamente el sendero de un bosque, pero esta vez de frente, desde el fondo hacia la cámara, de regreso.

Depositado casi fortuitamente en el mundo, en un tiempo y un espacio que parecen infinitos, el ser humano, poseedor de conciencia, se impone desde su propia mente un único punto de vista de su existencia, en este caso marcado por la posición fija de la cámara; y es a partir de esa perspectiva desde la que interpreta su tránsito, a pesar de los obstáculos, del ir una y otra vez por el mismo camino. Quizás merezca la pena hacerse mayor por el mero hecho de descubrir a través de la experiencia que, efectivamente, siempre estamos a tiempo de situar la cámara en otro punto de vista, de mirarnos por delante, de enfrentarnos.


martes, 6 de diciembre de 2011

Crítica de fotografía

Room 027
Nacho Arias Careaga
MNH Museo de la Naturaleza y el Hombre
Santa Cruz de Tenerife


La verdad de la fotografía
Cristina Rodríguez Moreno


Room 027 nos habla de la verdad de la fotografía, una verdad que depende de un particular orden discursivo de las imágenes.
La obra está ubicada en una sala moderna, amplia, diáfana y bien iluminada. Las fotografías son todas del mismo tamaño, y cada una de ellas goza del espacio suficiente para ser apreciada con tranquilidad y detenimiento. No se marca un orden determinado, pero la mayor parte de los espectadores, por intuición, leemos el texto situado al entrar a nuestra derecha y seguimos el itinerario en forma de U por la estancia, recreándonos en las fotografías, una tras otra, pues todas tienen una misma temática: son escenas que tienen lugar en una habitación de hotel.
A medida que avanzamos, cada imagen nos ofrece la posibilidad de planteamos cuestiones acerca de las personas que vemos en la habitación: proyectamos conjeturas sobre su estado de ánimo, sobre su situación personal, sobre su origen o su destino, e incluso, si habrá relación entre las personas que aparecen en las diferentes fotografías… en definitiva, construimos una realidad.

NACHO ARIAS, Room 027

El autor consigue esto mediante las características de las propias imágenes: son evidentes la nitidez, el detallismo, la minuciosidad y la armonía entre los elementos. Estas herramientas permiten a los espectadores formular algunas teorías, porque confieren verosimilitud a las escenas. Por ejemplo, podemos imaginar quién será el padre del bebé que espera la mujer embarazada, por qué muestra ella este gesto de preocupación, o quién será el hombre que duerme junto a ella. En otra de las fotografías apreciamos una mujer madura, de pie, en el centro de la habitación, e inmediatamente especulamos acerca de los motivos por los que viste tan opulentamente y se aloja en un espacio tan poco elegante, quizás vive en un mundo de apariencia, y en realidad está atormentada por su situación económica. En una tercera imagen, vemos cómo vuelve a la realidad un artista callejero vestido de payaso mientras se desmaquilla, sentado en la cama, quizás preocupado por las horas de trabajo que ha empleado para recaudar tan solo unas pocas monedas.
Mientras estamos inmersos en estas historias, observamos que van desapareciendo objetos de la escena, y el autor amplía el campo de visión de la fotografía. Es entonces cuando nos cercioramos que no estamos viendo una habitación de hotel real, sino un escenario construido; un decorado, en el que paulatinamente dejamos de ver a los personajes, se extrae también el mobiliario, e incluso la propia estructura y las paredes de la habitación, llegando a mostrar la “realidad” oculta tras esta apariencia, que no es más que una nave iluminada. Por esto, podemos afirmar que el uso de la luz es clave en este discurso, ésta recrea el espacio fotográfico dándole mayor verosimilitud. La fotografía es el arte de la luz, la captación de la realidad justamente por este contraste de luces y sombras que el aparato fotográfico nos permite capturar. Algunos elementos como la ventana de la habitación, hacen creer al espectador que está ante un lugar que forma parte de la realidad, y ve cómo poco a poco estos mecanismos se reducen a la categoría de recreación o ficción fotográfica. Pero el autor propone a través de este recorrido un juego con el espectador, ya que, a pesar de evidenciarse que es un escenario ficticio, las historias han estado ahí presentes, y no por esto deben ser menos creíbles.
Se pone sobre la mesa la importancia de determinados componentes (el mobiliario que conforma la escena, los personajes, la luz…) y mediante su presencia o su ausencia, el autor nos invita a reflexionar sobre algunas cuestiones como espectadores: ¿el hecho de que se fotografíe un decorado es menos verídico que el hecho de fotografiar determinados personajes en un espacio natural? ¿Acaso en otros escenarios no preparados específicamente para la fotografía no hay intervención humana, y por tanto, recreación? ¿Hasta qué punto el entorno o escenario condiciona la autenticidad de una fotografía? Una vez se evidencia que estamos ante un escenario, ¿quiere esto decir que no se nos ha mostrado una parte de la realidad? ¿Es menos auténtico entonces?
Al fin y al cabo, estas personas tienen su propia historia, y la fotografía es un instrumento que nos permite viajar en el tiempo y en el espacio, imaginar, independientemente de si aquello que vemos forma parte de un montaje fotográfico o no, en definitiva, es algo que no determina su esencia. Incluso un decorado forma parte de la realidad, una realidad que el autor quiere mostrar, y que, circunstancialmente, el espectador cree, si tiene la capacidad de conferirle a la fotografía el poder de verdad, anulando por unos instantes la conciencia, igual que lo hace ante las películas de ciencia ficción.


domingo, 4 de diciembre de 2011

Visitando FN11, 25 de noviembre de 2011

El 25 de noviembre de 2011 visitamos varias exposiciones de Fotonoviembre 2011 en la ciudad de La Laguna: Familia y comida europea, Sala de Arte del Instituto de Canarias Cabrera Pinto; Études de nu, de Germaine Krull, Estudio Artizar; y Gypsy interiors, de Carlo Gianferro, MHAT Museo de Historia y Antropología de Tenerife.


 Familia y comida europea

 Familia y comida europea

Familia y comida europea

 Études de nu

Gypsy interiors



sábado, 3 de diciembre de 2011

Visitando FN11, 18 de noviembre de 2011

El viernes 18 de noviembre visitamos las exposiciones: Au roi du bois, de Anne-Lise Broyer; Walking, de Simone Stoll; y Females under tension, de Paula Muhr, en la Sala de Arte Contemporáneo; Álbum de familia, de Emmanuel Sougez, en el Círculo de Bellas Artes; Bienvenidos al paraíso, de Nontsikelelo Veleko, en el Centro de Arte La Recova; y, Room 027, de Nacho Arias, en el MNH Museo de la Naturaleza y el Hombre, todas ellas en Santa Cruz de Tenerife.

 Au roi du bois

 Females under tension

Álbum de familia

Bienvenidos al paraíso

Bienvenidos al paraíso



Bienvenidos al paraíso


Visitando FN11, 11 de noviembre de 2011

Durante el pasado mes de noviembre de 2011, los alumnos de las asignaturas de Historia de la fotografía española (4º) y de Teoría y estética de la fotografía (5º), ambas de la Licenciatura de Historia del Arte, realizaron una serie de visitas programadas a varias exposiciones que formaron parte de la XI Bienal Internacional de Fotografía de Tenerife, Fotonoviembre 2011. Además de contemplar y analizar las diferentes propuestas presentadas, el objetivo académico de estas visitas fue documentar y realizar un trabajo de producción crítica en torno a algunos autores y exposiciones. Una selección de esos trabajos serán presentados en este blog.

Las exposiciones visitadas el día 11 de noviembre de 2011, fueron: Algo falta. El significado fugado en la fotografía; Tropos surrealistas en la fotografía polaca después de 1945; Paisajes del Aire (Isabel Flores); y, Hetaira, cartografías literarias (Alexis W), todas ellas en TEA Tenerife Espacio de las Artes.
 Algo falta. El significado fugado en la fotografía

 Algo falta. El significado fugado en la fotografía

Algo falta. El significado fugado en la fotografía

 Hetaira, cartografías literarias

Hetaira, cartografías literarias.
Conversación con Alexis W.