martes, 6 de diciembre de 2011

Crítica de fotografía

Room 027
Nacho Arias Careaga
MNH Museo de la Naturaleza y el Hombre
Santa Cruz de Tenerife


La verdad de la fotografía
Cristina Rodríguez Moreno


Room 027 nos habla de la verdad de la fotografía, una verdad que depende de un particular orden discursivo de las imágenes.
La obra está ubicada en una sala moderna, amplia, diáfana y bien iluminada. Las fotografías son todas del mismo tamaño, y cada una de ellas goza del espacio suficiente para ser apreciada con tranquilidad y detenimiento. No se marca un orden determinado, pero la mayor parte de los espectadores, por intuición, leemos el texto situado al entrar a nuestra derecha y seguimos el itinerario en forma de U por la estancia, recreándonos en las fotografías, una tras otra, pues todas tienen una misma temática: son escenas que tienen lugar en una habitación de hotel.
A medida que avanzamos, cada imagen nos ofrece la posibilidad de planteamos cuestiones acerca de las personas que vemos en la habitación: proyectamos conjeturas sobre su estado de ánimo, sobre su situación personal, sobre su origen o su destino, e incluso, si habrá relación entre las personas que aparecen en las diferentes fotografías… en definitiva, construimos una realidad.

NACHO ARIAS, Room 027

El autor consigue esto mediante las características de las propias imágenes: son evidentes la nitidez, el detallismo, la minuciosidad y la armonía entre los elementos. Estas herramientas permiten a los espectadores formular algunas teorías, porque confieren verosimilitud a las escenas. Por ejemplo, podemos imaginar quién será el padre del bebé que espera la mujer embarazada, por qué muestra ella este gesto de preocupación, o quién será el hombre que duerme junto a ella. En otra de las fotografías apreciamos una mujer madura, de pie, en el centro de la habitación, e inmediatamente especulamos acerca de los motivos por los que viste tan opulentamente y se aloja en un espacio tan poco elegante, quizás vive en un mundo de apariencia, y en realidad está atormentada por su situación económica. En una tercera imagen, vemos cómo vuelve a la realidad un artista callejero vestido de payaso mientras se desmaquilla, sentado en la cama, quizás preocupado por las horas de trabajo que ha empleado para recaudar tan solo unas pocas monedas.
Mientras estamos inmersos en estas historias, observamos que van desapareciendo objetos de la escena, y el autor amplía el campo de visión de la fotografía. Es entonces cuando nos cercioramos que no estamos viendo una habitación de hotel real, sino un escenario construido; un decorado, en el que paulatinamente dejamos de ver a los personajes, se extrae también el mobiliario, e incluso la propia estructura y las paredes de la habitación, llegando a mostrar la “realidad” oculta tras esta apariencia, que no es más que una nave iluminada. Por esto, podemos afirmar que el uso de la luz es clave en este discurso, ésta recrea el espacio fotográfico dándole mayor verosimilitud. La fotografía es el arte de la luz, la captación de la realidad justamente por este contraste de luces y sombras que el aparato fotográfico nos permite capturar. Algunos elementos como la ventana de la habitación, hacen creer al espectador que está ante un lugar que forma parte de la realidad, y ve cómo poco a poco estos mecanismos se reducen a la categoría de recreación o ficción fotográfica. Pero el autor propone a través de este recorrido un juego con el espectador, ya que, a pesar de evidenciarse que es un escenario ficticio, las historias han estado ahí presentes, y no por esto deben ser menos creíbles.
Se pone sobre la mesa la importancia de determinados componentes (el mobiliario que conforma la escena, los personajes, la luz…) y mediante su presencia o su ausencia, el autor nos invita a reflexionar sobre algunas cuestiones como espectadores: ¿el hecho de que se fotografíe un decorado es menos verídico que el hecho de fotografiar determinados personajes en un espacio natural? ¿Acaso en otros escenarios no preparados específicamente para la fotografía no hay intervención humana, y por tanto, recreación? ¿Hasta qué punto el entorno o escenario condiciona la autenticidad de una fotografía? Una vez se evidencia que estamos ante un escenario, ¿quiere esto decir que no se nos ha mostrado una parte de la realidad? ¿Es menos auténtico entonces?
Al fin y al cabo, estas personas tienen su propia historia, y la fotografía es un instrumento que nos permite viajar en el tiempo y en el espacio, imaginar, independientemente de si aquello que vemos forma parte de un montaje fotográfico o no, en definitiva, es algo que no determina su esencia. Incluso un decorado forma parte de la realidad, una realidad que el autor quiere mostrar, y que, circunstancialmente, el espectador cree, si tiene la capacidad de conferirle a la fotografía el poder de verdad, anulando por unos instantes la conciencia, igual que lo hace ante las películas de ciencia ficción.


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