Room 027
Nacho Arias Careaga
MNH Museo de la Naturaleza y el Hombre
Santa Cruz de Tenerife
Nacho Arias Careaga
MNH Museo de la Naturaleza y el Hombre
Santa Cruz de Tenerife
La verdad de la fotografía
Cristina Rodríguez Moreno
Cristina Rodríguez Moreno
Room 027 nos habla de la verdad de la fotografía, una verdad que depende de un particular orden discursivo de las imágenes.
La obra está ubicada en una sala
moderna, amplia, diáfana y bien iluminada. Las fotografías son todas del mismo
tamaño, y cada una de ellas goza del espacio suficiente para ser apreciada con
tranquilidad y detenimiento. No se marca un orden determinado, pero la mayor
parte de los espectadores, por intuición, leemos el texto situado al entrar a
nuestra derecha y seguimos el itinerario en forma de U por la estancia, recreándonos
en las fotografías, una tras otra, pues todas tienen una misma temática: son
escenas que tienen lugar en una habitación de hotel.
A medida que avanzamos, cada
imagen nos ofrece la posibilidad de planteamos cuestiones acerca de las
personas que vemos en la habitación: proyectamos conjeturas sobre su estado de
ánimo, sobre su situación personal, sobre su origen o su destino, e incluso, si
habrá relación entre las personas que aparecen en las diferentes fotografías…
en definitiva, construimos una realidad.
NACHO ARIAS, Room 027
El autor consigue esto mediante las características de las propias imágenes: son evidentes la nitidez, el detallismo, la minuciosidad y la armonía entre los elementos. Estas herramientas permiten a los espectadores formular algunas teorías, porque confieren verosimilitud a las escenas. Por ejemplo, podemos imaginar quién será el padre del bebé que espera la mujer embarazada, por qué muestra ella este gesto de preocupación, o quién será el hombre que duerme junto a ella. En otra de las fotografías apreciamos una mujer madura, de pie, en el centro de la habitación, e inmediatamente especulamos acerca de los motivos por los que viste tan opulentamente y se aloja en un espacio tan poco elegante, quizás vive en un mundo de apariencia, y en realidad está atormentada por su situación económica. En una tercera imagen, vemos cómo vuelve a la realidad un artista callejero vestido de payaso mientras se desmaquilla, sentado en la cama, quizás preocupado por las horas de trabajo que ha empleado para recaudar tan solo unas pocas monedas.
Mientras estamos inmersos en
estas historias, observamos que van desapareciendo objetos de la escena, y el
autor amplía el campo de visión de la fotografía. Es entonces cuando nos
cercioramos que no estamos viendo una habitación de hotel real, sino un
escenario construido; un decorado, en el que paulatinamente dejamos de ver a
los personajes, se extrae también el mobiliario, e incluso la propia estructura
y las paredes de la habitación, llegando a mostrar la “realidad” oculta tras
esta apariencia, que no es más que una nave iluminada. Por esto, podemos
afirmar que el uso de la luz es clave en este discurso, ésta recrea el espacio
fotográfico dándole mayor verosimilitud. La fotografía es el arte de la luz, la
captación de la realidad justamente por este contraste de luces y sombras que
el aparato fotográfico nos permite capturar. Algunos elementos como la ventana
de la habitación, hacen creer al espectador que está ante un lugar que forma
parte de la realidad, y ve cómo poco a poco estos mecanismos se reducen a la
categoría de recreación o ficción fotográfica. Pero el autor propone a través
de este recorrido un juego con el espectador, ya que, a pesar de evidenciarse
que es un escenario ficticio, las historias han estado ahí presentes, y no por
esto deben ser menos creíbles.
Se pone sobre la mesa la
importancia de determinados componentes (el mobiliario que conforma la escena,
los personajes, la luz…) y mediante su presencia o su ausencia, el autor nos invita
a reflexionar sobre algunas cuestiones como espectadores: ¿el hecho de que se
fotografíe un decorado es menos verídico que el hecho de fotografiar determinados
personajes en un espacio natural? ¿Acaso
en otros escenarios no preparados específicamente para la fotografía no hay
intervención humana, y por tanto, recreación? ¿Hasta qué punto el entorno o
escenario condiciona la autenticidad de una fotografía? Una vez se evidencia
que estamos ante un escenario, ¿quiere esto decir que no se nos ha mostrado una
parte de la realidad? ¿Es menos auténtico entonces?
Al fin y al cabo, estas
personas tienen su propia historia, y la fotografía es un instrumento que nos
permite viajar en el tiempo y en el espacio, imaginar, independientemente de si
aquello que vemos forma parte de un montaje fotográfico o no, en definitiva, es
algo que no determina su esencia. Incluso un decorado forma parte de la
realidad, una realidad que el autor quiere mostrar, y que, circunstancialmente,
el espectador cree, si tiene la capacidad de conferirle a la fotografía el
poder de verdad, anulando por unos instantes la conciencia, igual que lo hace ante
las películas de ciencia ficción.

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